dimarts, 14 de desembre de 2010

Palau Robert de Barcelona

La era dorada de la alta costura en Barcelona

14/12/2010

Abre en el Palau Robert de Barcelona una exposición que repasa los modistos que convirtieron la capital catalana en el epicentro de la moda española desde los años 20 hasta la marcha de Balenciaga en 1968.

La exposición, que ha recorrido ya varias ciudades españolas, aterriza en Barcelona, donde podrá verse hasta el 28 de febrero. Ayer por la tarde, la inauguró Josep Huguet, conseller de Innovación, Universidades y Empresa en funciones de la Generalitat de Catalunya.
“Barcelona, alta costura” es el título de esta muestra, que explica el papel que tuvo la capital catalana en la historia de la alta costura desde principios de siglo XX. Lo hace con un centenar de prendas y accesorios de la época que pertenecen a la colección privada Antoni de Montpalau, propiedad del historiador y crítico de arte Josep Casamartina, que también es el comisario de esta exposición.
La alta costura en Barcelona
La muestra quiere devolver a Barcelona su papel fundamental en la historia de la moda en España. Ya a finales del siglo XIX, en Barcelona existían talleres de costura, muy conectados con la actividad que se desarrollaba en parís. De hecho, Jean Lanvin aprendió el oficio en Barcelona, de mano de Carolina Montagne, y en 1920 abrió una sede en Rambla Catalunya. Un año antes, Pedro Rodríguez había abierto su primer establecimiento.
También de la década de los 20 son los primeros desfiles del Salón de Moda, que contaron con la participación de destacados modistos y diseñadores de sombreros, como Anita Monrós, Martí Martí o Badia. Fueron también los años de la alta costura en Santa Eulàlia, La Innovación y El Dique Flotante; la consagración de Pedro Rodríguez y de Cristóbal Balenciaga, así como de Asunción Bastida.
La industria textil catalana estuvo detrás del auge de la costura en Barcelona, que uno de los motores impulsores de la artesanía, las escuelas industriales y el oficio de modista. La burguesía que nacía de esta actividad era a su vez la clientela de los nuevos modistos.
Antes de la Guerra Civil, las principales casas alcanzaron su consolidación con la celebración de la Exposición del Arte del Vestir y Salón de Creaciones. Y ya después del conflicto, en 1940, se recuperaba la activiadd con la puesta en marcha de la Cooperativa de la Alta Costura, con Pedro Rodríguez, Manuel Pertegaz, Asunción Bastida, Santa Eulalia y El Dique Flotante. La Cooperativa contó con el apoyo del gobierno español, que precisaba de símbolos de indentidad, y cierta normalidad, de cara al exterior. Así, durante los años 50 y 60, los creadores de Barcelona presentaron con éxito sus colecciones en Nueva York, Chicago, Filadelfia, Dallas, Londres, Bruselas, Sidney o El Cairo.
Y fue en los 60 cuando el auge del prêt-à-porter puso fin a los años dorados de la alta costura en París y en todo el mundo. Durante años, ambos sistemas convivieron y, de hecho, la costura en Barcelona persistiría con nombres como Andrés Andreu, Margarita Nuez, Josep Ferrer o Roberto Dalmau. A lo largo de los 60 y 70, la mayoría de las casas irían cerrando, siguiendo los pasos de Balenciaga, que cerró su atelier en Barcelona en 1968.

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